OJOA - No hay solución sin problema


Parecería de Pero Grullo - pero no. Sigo encontrando a muchas personas en muchas organizaciones que honestamente creen que es malo hablar de problemas.


Hasta hay empresas, lo suficientemente grandes y maduras como para saber mejor, que prohiben a sus empleados hablar de problemas. Está mal visto usar el término. Puedes sustituirlo por “asunto”, “tema” o incluso “oportunidad”. También es aceptable el consabido “oportunidad para aprender” (“learning opportunity” en inglés – da lugar al famoso acrónimo “AFLO” – “another f***ing learning opportunity” para describir con cierto humor negro un cambio en el mercado o fallo en la empresa que ha pillado a gran parte del personal en paños menores. Supongo que se podría traducir por “OJOA”).


Es divertido solo hasta cierto punto. Enfocarse en “soluciones” o vender “soluciones” (o, peor todavía, comprarlas) tiene como mínimo dos dificultades fuertes. Una es la separación de “problema” y “solución” el uno del otro y los dos del mundo. Llevado al extremo esto es como tomar un libro de matemáticas e ir directamente a las últimas páginas donde vienen las soluciones. Aparecen cosas como “42” o “x=0,65”. Pero, claro, son soluciones sin problema y por tanto sin significado. Y es que “problema” y “solución” son dos aspectos de como alguien está organizando (modelando) parte del mundo.


Otra dificultad parte de una cuestión curiosa de percepción. Cuando era más joven tenía un amigo que decía que era mejor siempre vivir en una casa fea con vistas bonitas que viceversa. De esta manera ves la vistas pero no la casa ya que estarás viendo desde ella. Enfocarse en “soluciones” es algo parecido. Ves “la solución” desde el problema. Esto suele incluir una cierta tendencia a “dar por hecho” el problema. Suele haber una tendencia a pasar el menor tiempo posible en el problema (total es una casa fea - ¿por qué verla más de lo necesario?) y a pasar cuanto antes a la solución.


Pero, como hemos comentado arriba en otro post, una descripción prescribe. La manera de describir una situación “problema” influirá directamente en las posibles soluciones (especialmente si se acopla la “planificación exclusivamente por objetivos” - más de esto en otro momento). Sobre todo cuando hay cierta presión por evitar las consecuencias negativas de no actuar, habrá una tendencia a priorizar cuanto antes una posible via de acción por encima de cualquier otra.


Hace ya algún tiempo que se identificó en la DBM la necesidad de entender el binomio problema-solución como una unidad sistémica necesaria. Es decir no puede haber problema sin solución ni solución sin problema (otra cuestión - claro está - es encontrar la óptima). Después está la cuestión de las condiciones de “problemas – soluciones bien formados”. Un principio importante aquí es relevancia, (¿qué es lo que está incluido y qué no?) y otro el de completud (¿qué es todo lo que está incluido?).


Una secuencia básica de preguntas que ayuda a cubrir y conectar problema y solución es la siguiente (lo adapto de un modelo básico de DBM y es copyright John McWhirter 1989) :

  1. ¿Hay un problema?
  2. ¿Qué es y qué no es el problema?
  3. ¿Cómo es problemático? (es decir ¿cómo funciona como problema?)
  4. ¿Por qué es problemático? (es decir ¿por qué importa?)
  5. ¿Por qué solucionarlo? (puede parecer obvio pero no suele ser completa la respuesta “a bote pronto”)
  6. ¿Cómo tendría que funcionar una posible solución?
  7. ¿Qué es lo que se solucionará?
  8. Posibles soluciones.

Una de las ventajas de este modelo es que es un modelo de proceso y que posterga la convergencia en “la solución” hasta el final.


AFLO – another fabulous learning opportunity? - “¿Otra joyosa oportunidad de aprender?”.

3 comentarios

Laura dijo...

Hola Tim…, tus blogs sí que suponen una oportunidad para aprender…
Me surgen dudas… Si solución y problema forman un binomio, esto implica que todo problema tiene al menos una solución. Pero entonces, no puede haber un problema sin solución, a no ser que individualmente no se pueda encontrar…, que para efectos prácticos, el puente entre este binomio se rompería, ¿no?
Y si lo importante de todo modelo o secuencia a seguir es el proceso que te lleva hasta el último paso, ¿bastaría explorar la conexión entre problema y solución aunque al final no se llegue a ninguna?, ¿o es que de dicha exploración al final siempre se llega a una solución?
Saludos

Tim Ingarfield dijo...

Gracias Laura

Siento no haber respondido mucho antes.

Considera lo siguiente:

“El sol se va a levantar mañana”
“Creo que el sol se va a levantar mañana”
“Sé que el sol se va a levantar mañana.”
“¿Cómo sabes que el sol se va levantar mañana?”
“¿Puede ser que mañana no se levante el sol?”
“Tranquilo. El sol se ha levantado todas las mañanas de la historia así que mañana también lo hará.”

etc.

Todas estas frases y el uso de este ejemplo (el del sol y el mañana) para el llamado problema de la inducción pasan por alto un evidente hecho relacional.

“Mañana” quiere decir “cuando el sol se levanta”. No puede haber mañana sin levantarse el sol porque el levantarse el sol ES el mañana. No hay sol – no hay mañana. Así de sencillo.
Es un hecho relacional.
“Levantarse el sol” y “mañana” son maneras de referirse a diferentes aspectos de lo mismo.
Algo parecido ocurre con “problema” y “solución” - son diferentes aspectos de “organizar el mundo para actuar en él (de modo más o menos efectivo).
No hay “puente” entre el binomio puesto que es imposible que exista un aspecto sin la otra. Son diferentes énfasis en la misma estructura.
Se puede hablar de ello como si fueran cosas diferentes por supuesto. Esta es parte de la gracia del lenguaje. Es más lío cuando se acaba creyéndose lo dicho como si el hecho de nombrarlo hiciera que existiera.
No se puede plantear el interior de una casa sin presuponer el exterior.

Tristemente, saber que hay un aspecto de la organización de las cosas que se puede llamar “solución” no quiere decir que se sepa cuál es. Es más - ciertos problemas (ciertos planteamientos del estado de las cosas) no conducen fácilmente al descubrimiento de una solución. Un ejemplo claro de esto fue el trabajo de Richard Feynman con el desastre del transbordador espacial “Challenger”. La manera en que la NASA presentaba y organizaba la información hacia muy difícil descubrir lo que había conducido a la destrucción de la nave y la muerte de su tripulación. Ocurren ejemplos de menor calado a diario en las vidas de la mayoría de las personas.

Un problema ocurre cuando alguna estabilidad se disrumpe o se desequilibra. En este sentido “problema” es una manera de decir que el modelo del mundo de una(s) persona(s) no se adecua al mundo tal y como se está presentando.
También hay dificultades. Otro nivel de organización y esfuerzo diferente técnicamente a un problema. Un alumno que aprende a “hacer” problemas (por ejemplo de trigonometría) de hecho los convierte en meras dificultades.
Si lo vemos de esta manera quizás ayuda.
Un problema está abierto hasta que se encuentra la solución (o una de ellas) - piensa en el último Teorema de Fermatt por ejemplo.


He aquí el quid de la cuestión: el estado de las cosas en un momento determinado no es, según esta descripción, un “problema” sino un “estado de las cosas”. Lo problemático no está en el mundo sino en la interacción de una (o más) persona(s) con el estado de las cosas. Ahora bien, la manera en la que esa(s) persona(s) se alinea(n) con el mundo para interactuar con el estado de las cosas a efectos de poder hacer algo (por ejemplo proceder a algún tipo de meta, re-establecer algún tipo de equilibrio) puede facilitar más o menos la consecución de ese algo.

Entonces ¿de qué nos sirve poder identificar “condiciones de buena formación” de problemas- y- soluciones? Sencillamente porque cualquier aspecto sería incompleto sin el otro – un levantarse el sol sin mañana.

Saludos

Tim

Laura dijo...

Muchas gracias por tu tiempo y por contestar a mis dudas.
Según lo que he entendido, creamos o generamos el problema(s) y su solución(es) según nuestra forma de organizar el mundo y actuar en él. De ahí que lo que para una persona "es un mundo", a otra le puede parecer una "tontería", lo que conduce a ser más comprensivos con el otro siendo conscientes de este hecho, ¿no?
Y aunque no se sepa cuál es la solución a un problema, y si nuestros planteamientos del estado de las cosas dificultan ese descubrimiento, al menos saber que hay una solución para cada problema, genera optimismo, ¿no?
Sería algo así, espero:

No hay problema, no hay solución.
Hay un problema, hay solución.

Con tu ayuda creo que he creado un koan (palabra que he descubierto gracias a Alejandro, por cierto).
Bueno, que sólo estoy reflexionando por escrito, sabiendo que leerás mi comentario..., pero no hace falta que me contestes..., que soy muy pesada, jeje.
Aunque si lo haces como hasta ahora, te lo agradeceré mucho, como hasta ahora... :-)
pero me das pie a que comente de nuevo... :-P
Menudo problema! ;-)
Saludos

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