Dificultades con Modelar en la Empresa 3. Gestionar la Sobrecarga


La tercera en una serie: las otras son Gestionar la Ignorancia, y Gestionar la Confusión.

Si entendemos la respuesta de "miedo" en un sentido amplio como una respuesta ante los peligros o amenazas percibidos y si entendemos que el sentido de amenaza puede incluir las amenazas a nuestra estabilidad o amenazas a nuestro bienestar, entonces hay muchos sentimientos de "echarse para atrás", de resistencia o reticencia a acometer ciertas actividades que útilmente se pueden considerar como respuestas "tipo miedo".

Digo "respuestas tipo miedo" porque más que intentar
definir las emociones como "cosas" que "son" de cierta manera u otra (con referencias más o menos peregrinas sobre el sistema límbico y "lo que la neurociencia nos dice") creo que es bastante útil considerar lo que tienen en común estas respuestas que tienen que ver con identificar algo (una persona, una actividad, un acontecimiento, una tarea...) como un peligro o amenaza.

De todos los miedos entendidos de esta manera - especialmente los menos comunmente reconocidos como miedos y muy frecuentes en la experiencia diaria - el miedo a la sobrecarga es uno de los más comunes e impactantes.

Tiene o, mejor dicho, le dan muchos nombres y descripciones: "saturación", "agobio", "complicarse", "esto se me escapa", "me viene grande", "es la obra del escorial"....

La estructura es relativamente sencilla. Mucha información "suelta" o aparentemente inconexa entra en nuestra atención al mismo tiempo. Si es información irrelevante, es posible ignorarla. Pero si no lo es, ignorar es más difícil y es fácil que nos sentimos abrumados.

Las respuestas más comunes incluyen: negarlo, intentar ignorarlo, intentar buscar más información (irónicamente), disgregarlo en partes y atender parte por parte, "delegarlo", estrés, entre otras. ¿Son apropiadas? Veamos. ¿Qué es lo que pasa aquí?

Una investigación bastante bien documentada es la que hicieron Miller, Galanter y Pribram sobre la capacidad de atención consciente. Identificaron que hay límites en cuanto a lo que es posible atender conscientemente, límites que vienen descritos por lo que ellos llamaban el "número mágico" siete más / menos dos (Miller GA. "The magical number seven, plus or minus two: Some limits on our capacity for processing information". Psychological Review. 1956;63:81–97).

Escuetamente y según estos estudios, nuestra capacidad de atención consciente se limitará a un máximo de 9 "items" o "trozos de información" ("chunks of information" en el original) en el mejor de los casos y unos 5 en el peor, siendo la tendencia la de asentarse en unos 7 (por eso se habla de "siete más/ menos dos"). Cuando estamos investigando algo nuevo (especialmente algo complejo), muy amenudo entramos en una fase en la que hay mucha información "suelta" e inconexa. Esto es especialmente el caso si hemos aprendido a recoger gran cantidad de información antes de organizarla y tendemos a pensar "objetivamente" sobre ella.

Lo que también notaron Miller et al. es que, a nada que agrupemos la información, el esfuerzo necesario para mantenerlo en la atención cambia. Se reduce y mucho. En esencia esto es lo que hacemos, por ejemplo, al agrupar la información en esquemas o líneas de tiempo cuando estudiamos.

Una pequeña prueba. Si el lector lo intenta le resultará muy difícil memorizar la secuencia de cifras siguiente: 149162536496481100121. Se puede agrupar así, según la anotación standard como si fuera un número que se puede "decir" :  1.491.625.364.964.811.100.121 y posiblemente resulta un poco más fácil pero no mucho más entre otra cosas porque, más allá de los "trillones", la mayoría de las personas no tenemos facilidad para nombrar cantidades muy grandes. Sin embargo, si lo agrupamos así: 1, 4, 9, 16, 25, 36, 49, 64, 81, 100, 121, resultará mucho más fácil y si lo agrupamos así:  12, 22, 32, 42, 52 ,62 ,72,82,92 ,102 ,112, más fácil aún.

En este ejemplo, pasamos de 21 trozos de información a 8 y luego (a nada que reconozcamos la secuencia) a un solo trozo de información. Pero podemos recuparar toda la información presente. Es un ejemplo sencillo de estructurar la información de tal manera que podamos volver de la versión simplificada (un solo "trozo de información") a la versión completa (21 números). Idealmente nuestras formas de simplificar las cosas siempre nos permitirían volver a recuperar la información original en caso de necesitarlo.

Es decir: ante la sobrecarga - estructurar es una buena respuesta.

Esto ocurre naturalmente en ciertas situaciónes. Por ejemplo es lo que ocurre cuando pasamos una serie de luces parpadeando intermitentemente al lado de la carretera. Técnicamente, cada luz parpadeando es un acontecimiento aislado. Sin embargo lo que veremos es un solo movimiento continuo de iluminación como si la luz fuera corriendo de un extremo a otro.

En este caso la reestructuración es automática. Reorganizamos casi de inmediato mucha (demasiada) información de diferentes luces en un movimiento más o menos fluido: algo parecido a lo que ocurre con los fotogramas de los dibujos animados.

Estructurar la información que tenemos nos permite tener un sentido global de ella y lo que posiblemente surja de ella. Además nos proporciona una manera de identificar posibles huecos e información que nos falta aún.











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